miércoles, 26 de agosto de 2015

Crónica: recorrido en transmilenio, Portal Usme.



Faltaban diez minutos para las once de la mañana del jueves 13 de Agosto,  cuando llegué a la estación de transmilenio de la calle 45 en el costado sur,  en compañía de Andrés y Davo,  nos habíamos retrasado porque habíamos hecho una parada en La Octava,  un lugar donde sacan copias y el profesor de crónica y reportaje nos había dejado las lecturas que debíamos leer para el otro día. Recorrimos rapidamente la trece y llegamos a las caracas,  entramos a la estación y frente a las puertas eléctricas cerca a los torniquetes la mitad de la clase estaba reunida esperando el H20 y al profesor Fernando, pasaron alrededor de 15 minutos y por fin llegó el transmilenio,  que como esperábamos venía lleno.

Nos subimos y sin esperanza de poder sentarnos nos dividimos en tres grupos, por supuesto yo estaba con mis amigos y encontramos espacio en el acordeón del artículado. Como era de esperarse y ya que era casi medio día,  un rapero se subió al bus y decidió que justamente iba a cantar al lado de nosotros, estábamos invadidos por el miedo ya que temíamos que si no lo saludabamos o aplaudimos,  nuestros celulares iban a irse muy lejos, pero cuando comenzó a rapear,  nada mal debo decir,  aunque no soy experta en el género,  comenzamos a reírnos y a escuchar como improvisada rimas a cada pasajero y se dirigía a nosotros,  uno por uno a mis amigos los saludo y les cantó,  cuando seguía yo de repente me ignoro y le cantó a davo que estaba último.

Después de 3 canciones y de varias improvisaciones,  Que duraron al rededor de 15 minutos,  este personaje que terminó por agradarnos se bajó del bus en una parada del centro de Bogotá,  allí comencé a volverme más consiente del lugar en el que estaba,  sobretodo del entorno,  acá las personas tenían expresiones de tristeza,  los ojos enfocados hacía adelante pero como si no estuvieran ahí sino resolviendo algún problema,  nosotros íbamos riendo y hablando y esto llamaba su atención,  nos miraban diferente,  éramos extraños en su entorno y definitivamente notaban que era la primera o de las pocas vece s que íbamos por ahí.

Cuando fuimos mas allá del centro observamos como el transmilenio se detuvo de la nada y frente a nuestros ojos un hombre desarreglado y con sangre en su brazo,  al parecer lo acababan de apuñalar,  paso por nuestro lado vigilado por un policia al que se le notaba la fuerza y agresividad con la que lo trataba,  avanzaron hacia el frente y después de unos minutos se bajaron en una estación en la que otros policías esperaban por el presunto ladrón, que después el profesor nos contó que era uno de los más buscados en Facebook.

Después de aquella escena a la que ninguno de nosotros estaba acostumbrado a presenciar,  teniamos miedo y en nuestras caras se notaban los nervios, mientras me daba cuenta de que ya no estaba en un lugar donde pudiera ubicarme,  escuche un ruido de algún objeto pesado que había caído,  giré mi cabeza hacia atrás y al lado de la puerta que se encontraba después del acordeón vi en el piso una navaja de esas que tienen varias hoja,  no duró un segundo en el piso cuando el hombre al que se le cayó la levantó nerviosamente mientras hacia contacto visual conmigo,  volví a girar mi cabeza rápidamente y mi corazón palpitaba rápido,  mientras le conté a Andrés que estaba a mi lado lo que había visto el transmilebio se detuvo y vi al hombre bajarse,  me sentí un poco más tranquila.

En ese punto las casas y las calles eran muy diferentes,  ya no existía una calzada exclusiva para transmilenio y ahí supimos que estábamos muy lejos,  las casas eran grises y muchos eran de latas,  en un momento vimos como las montañas ya no eran verdes sino tenían un tono naranja pálido y gris propio de los ladrillos y las latas de las casas arrumadas que formaban Ciudad Bolívar. Después de ese paisaje gris vinieron algunas zonas verdes un poco más rurales,  en un momento pasamos por lo que parecía una cárcel,  la Picota,  nunca había estado cerca de una y era un bloque gigante con pequeñas ventanas,  con tan sólo verla me sentía encerrada,  a su alrededor unas grandes torres de vigilancia y aunque parezca raro un colegio.

El ambiente había cambiado y los edificios volvían a tener una arquitectura más moderna y menos deprimente,  despues de un largo tiempo sin hacer ninguna parada el transmilenio atravesó una zona verde y llegamos al Portal de Usme, esperamos a que todos los usuarios se bajarán y salimos del transmilenio,  lo primero que vi fueron la montaña y el verde que se veía,  nos reunimos y hablamos un rato acerca de nuestras experiencias que eran parecidas, nos tomamos una foto y reflexione de lo triste que era el entorno y las condiciones en las que viven sus habitantes,  hicimos la fila para abordar el mismo H20 que nos regresaría a la Universidad.

Esta vez el transmilenio estaba más lleno y ante la multitud tuve que separarme de mis amigos,  me dediqué a observar por la ventana y pude percibir mejor los detalles,  era constante ver policías requisando personas, casas grises sin nada de pasto;  sin flores,  sin color ni alegría si soy más romántica,  pero lo que más recuerdo porque fue lo que más sentimientos me provocó,  fue ver a un niño de siete o seis años recorrer sólo el transmilenio con su uniforme azul y amarillo,  una lonchera en su mano y mucha incertidumbre en su cara,  pensé que buscaba a su mamá o algún acompañante,  pero luego lo volví a ver y confirme que estaba sólo como muchos niños que deben comportarse como grandes porque seguramente sus papas deben trabajar.

El recorrido se me hizo más corto pero las personas que abordaron desde el portal eran más alegres que aquellas que se bajaron allí; después de pasar por la 26 supe que no tardariamos en llegar,  cuando paramos en la estación de la 45 la mayoría de la clase se fue,  quedamos unos pocos compartiendo la experiencia,  que fue triste ya que vimos cual es la realidad que tienen que vivir la mayoría de los bogotanos. De esta experiencia me queda el recuerdo y la consciencia de que muchas personas día a día deben realizar este trayecto para poder ir al trabajo y sostener a su familia,  tuve miedo,  nervios,  pero sobretodo tristeza, este mundo que esta a una hora y media de mi,  se encuentra años luz de la realidad tan diferente,  cómoda y feliz que me afortunadamente me toca vivir.

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